Lo mismo otra vez
poniendo la fase maníaca en la retromanía: Car Seat Headrest y los remakes
El pop está obsesionado con su propio pasado, como dejó por escrito Simon Reynolds hace quince años, lo que nos deja en la amarga e irónica tesitura de llevar más de una década con lo mismo: que siempre estamos con lo mismo. No hace falta ser muy avispao con este tema: la cartelera de los cines está plagada de remakes, reinvenciones y reimaginaciones de películas de éxito; nuestras queridas plataformas de streaming se la pasan juntando a los actores de las series más queridas diez, quince, treinta años después y en la música podemos apreciar cómo las antiguas melodías vuelven en forma de ritmo latino, en el mejor de los casos.
La retórica de la conversación pública, de este gran diálogo internetero, está tan sedienta de novedad que dan ganas de llevar la contraria: ¡vivimos en los tiempos más originales jamás ocurridos! No creo que sea así o al menos desde las métricas que más me interesan ahora mismo, me temo. Tampoco hay que engañarse, la originalidad es un valor bastante reciente en la producción artística y cultural, una cosa del Romanticismo que, depende del día que me preguntes, posiblemente haya sido más perniciosa que productiva. La diferencia desalentadora entre toda esta historia de apropiaciones y reescrituras y nuestro momento es que nuestra no-originalidad responde principalmente una absoluta reverencia a la Propiedad Intelectual.
Leí hace poco a Narbiz en Bluesky que Spiderman, tras la muerte de Gwen Stacy, “cesó de ser un personaje y se convirtió en una marca mejor o peor escrita”. En el momento en el que no hay personajes, historias, canciones, músicos, sino “marcas” lo único que puede permitir el mercado es tratar de gestionarlas como activos, tratar de incrementar su valor, defenderlas legalmente a través del copyright1. Esto a cualquiera que no haya matado al CEO en su cabeza le puede parecer comprensible, normal y hasta satisfactorio dentro de los marcos más industriales y comerciales de la producción artística (yo, debo decirlo, suelo preferir con mucho los tebeos marvel de mis autores favoritos a sus universos propios en editoriales independientes, por no salirnos del tema), pero puede resultar deprimente cuando nos encontramos ejemplos en espacios supuestamente seguros.
Un par de ejemplos recientes: el primero sería la francamente chocante noticia del proyecto de remake/reconversión en diez películas de los diez episodios de la miniserie Decálogo que hizo Kieślowski en 1989. Cada episodio, para quien no la haya visto, apela a cada uno de los diez mandamientos, convertidos aquí en dilemas morales para los habitantes de un bloque de pisos. Si alguien sospecha que el cine de autor de festivales es ya un género más con unos códigos tan concretos como el western o el terror si no más, igual Historias paralelas, el primer remake del ciclo, dirigido por el iraní Asghar Farhadi, protagonizado por Isabelle Huppert y presentado en el festival de Cannes le puede confirmar sus peores miedos. No la he visto ni pienso hacerlo así que tampoco quiero hablar de más pero es de lo más deprimente que le ha pasado al cine últimamente para mí.
Otro caso de repescas pasadas, que también ha traído su cola, ha sido el de Car Seat Headrest, la banda de Will Toledo, que con Teens of Denial (Joe Story) ha vuelto a regrabar uno de sus mejores discos. Ya pasó hace años con Twin Fantasy, remake que fue mi auténtico punto de entrada al grupo hace ya unos años. En aquel entonces, la justificación era que CSH había pasado de ser un proyecto personal de Toledo a eclosionar como grupo con todas sus letras, precisamente con el Teens of Denial original, y querían dejar testimonio de esa transformación. La justificación de este último parece menos obvia y se han propagado rumores de un supuesto giro religioso y cosas así. Una vez más, prefiero no entrar.
No quiero compararme con Will Toledo porque sería absurdo a muy distintos niveles, pero trataré de dar un apunte empático personal, permitídmelo: a la edad que él hizo el Twin Fantasy original yo estaba con el Solán de Cabras y grabando mi primer disco. Sé perfectamente lo que es avergonzarse de la música que hacías cuando eras, quizás demasiado joven a la vez que persigues esa cosa que uno tiene cuando empieza y que más o menos se olvida con el tiempo. Varias veces me he sentido tentado de regrabar cosas del pasado2, creo que hoy podría hacerlo mejor en muchas ocasiones, pero honestamente no creo que pueda ser positivo, a un nivel psicológico individual, abrir esa puerta. Imagino que estar del todo conforme con las canciones que se han hecho es un sentimiento posible, pero lo desconozco por completo, uno podría verdaderamente pasarse la vida puliendo una canción de tres minutos como si esto fuese un relato de Borges.
Lo que quiero decir es que, aunque el Teens of Denial: Joe Story me parece bastante peor que el original, quizás no haya una diferencia mayor que la primera impresión. Lo que para Toledo son errores del disco para mí son decisiones conscientes y acertadas; lo que para él son matices mejorados, para mí es la frialdad del rigor mortis, pero no me sale enfadarme con él, me entristezco y me deprimo pero como si fuese mi amigo al que no consigo impedir que haga el imbécil. Su nostalgia me cae simpática de alguna forma porque no es la del devoto del copyright sino lo contrario, el pánico honesto y neurótico del que se cree que todos nos acordamos de aquella cosa ridícula que hizo hace diez años, solo que aquella cosa ridícula era un discazo jaja.
los haters decían que no podía pero… una semana después aquí estoy, cumpliendo, dando la cara, terminando mi disco, con una rotura fibrilar, mirando esperanzado al horizonte. La semana que viene si no pasa nada nuevo en el indi: la casita. será gracias sobre todo a mis humildes mecenas del kofi.
Un ejemplo en el que siempre pienso: la saga Fast and Furious, que tantas alegrías y algún desencanto me ha ofrecido durante estos años, nace como un plagio descarado de Le llaman Bodhi, la peli de Kathryn Bigelow. Aunque todavía quedan estrenos comerciales que pueden leerse como exploits de otras películas de éxito, parece raro imaginarse que hoy se atreviese alguien a hacer algo así sin ser un spin-off, un reboot o algo semejante. Sin embargo, rápida y tortuosamente la saga encontró su propia personalidad y de algo a priori vago y cutre como una copia nació otra cosa completamente distinta y, afortunadamente, centrada en coches guapos en lugar de en surferos.
realmente lo hice en una ocasión, “Juana de Arco” y “Murcia nos pertenece” ya estaban publicadas antes de mi primer disco, las regrabé porque me quise presentar al concurso local CreaMurcia y no tenía tiempo para hacer algo nuevo en ese momento y luego ya que estaba lo aproveché. No me fue nada bien con el concurso, por cierto, no pasé a semifinales.







Extremoduro regrabó temas sueltos para los recopilatorios que sacaron sobre el 2000 y creo que les salió bien, regrabar un disco entero en cambio me parece una locura. Ya es delicado el tema con los remaster y las nuevas ediciones (véase Let It Be Naked por ej.).
Un artista cuando publica una obra pierde en buena parte el control sobre ella. La idea de abrir la puerta a vivir revisando todo el catálogo asusta. Mala forma de perder el norte.
Te quiero Marcelo Criminal nunca dejes de escribir en Substack💕